Por María Elena Ferral
PAPANTLA, Ver., 27 de Octubre.-De acuerdo con la jefa de la Unidad de Culturas Populares, en esta ciudad, Áurea Vázquez Olmos, “la Festividad del Día de Muertos en la parte costa de la región de Papantla, en este caso la festividad de Día de Muertos, según la tradición, la costumbre, empiezan a llegar los difuntos, desde el 24 de Agosto, es la primera ocasión que les abren las puertas para que ellos puedan venir a este mundo.
Refiere que “hay otra fecha que también se maneja que es el 4 de Octubre y finalmente es el 18 de Octubre, cuando ya están ya todos aquí, es ya para los preparativos de las festividades y los meros días, son el 31 de Octubre, el día 1º, es cuando llegan los difuntos chiquitos, y el día 2 es cuando llegan los difuntos grandes, más que una descripción, la festividad del Día de Muertos, es una de las festividades más importantes de la cultura totonaca y esto porque tiene que ver con la producción del campo, tiene que ver con la vida cotidiana de la gente”.
EL MORIR ES PASAR A OTRA ETAPA
Dijo que “sobre todo la cuestión de la visión que tenemos nosotros los totonacos de que al morir, no se acaba todo, o sea el morir es únicamente pasar a otra etapa, en donde se va a vivir mucho mejor que en esta vida, es decir, la vida no se acaba, la vida es una aquí y luego la vida sigue en otro mundo, no sabemos exactamente en donde esta el lugar, pero sabemos por los abuelos que es un lugar muy hermoso, es un paraíso donde pues todos queremos llegar”.
Añadiendo que “los abuelos cuentan que es un lugar donde hay armonía, donde no hay rencores, donde no hay envidias, ni egoísmos y bueno pues, cuando nos dicen los abuelos que es así, ese mundo a donde vamos a ir, pues todos nos ponemos contentos y queremos ir, otro aspecto de la celebración del Día de Muertos, de acuerdo a la experiencia, es que la festividad del Día de Muertos, se espera con mucha anticipación, con muchos meses de anticipación”.
Por lo que “los totonacos se preparan desde meses antes, engordando sus cochinitos, preparando sus hornos donde van a hacer el pan, todo eso lo van haciendo con mucho tiempo de anticipación, porque todo esto se lleva un tiempo, una vez que ya tienen todo listo, los preparativos, de la elaboración del pan, la molienda del chocolate, la elaboración de los tamales, todo se hace en familia, con primos, parientes y eso quiere decir que esta fiesta de Día de Muertos, en vez de dividir a las familias, las une y si viven en una comunidad, mucho más”.
Dejando en claro qu en esta festividad, “desaparecen los colores y las religiones, todo se empieza a trabajar con un solo fin, preparar la fiesta del Día de Muertos, entonces los totonacos pensamos que esta fiesta vive, porque la costumbre es muy fuerte, esta muy arraigada, a tal grado que en las zonas urbanas, la cultura mestiza la ha retomado claro, con sus características propia, pero la retoman”.
Vemos que “esta festividad esta corriendo un riesgo, estamos hablando de culturas ajenas a la nuestra, como el halloween, esta cuestión del halloween, bueno de repente es una costumbre ajena, es una costumbre occidental, de repente a veces nuestros maestros, nuestros jóvenes no tienen bien arraigada su cultura, no la conocen y son fácilmente presa de hacer cambios, de empezar a practicar otra costumbre que no es la nuestra, inclusive a veces repetimos esa palabra y no sabemos ni lo que significa y tampoco investigamos y pues no tiene nada que ver con la cultura nuestra”.
PORQUE SE PONEN LOS ALTARES
La responsable de la Unidad Regional Norte de Veracruz, añade que “el trabajo nuestro como promotores culturales, es seguir promoviendo esta costumbre tan bonita, con las futuras generaciones, para que los jóvenes la sigan practicando y sobre todo que sepan el significado, el porque y para que se ponen los altares, no es una exposición, no es una muestra, sino que se espera a aquellos que se fueron y que no los podemos ver, pero aquí están, a ellos se les ofrenda aquella comida que les gustaba”.
Y aquí “van a haber altares muy bonitos y otros no tanto, porque aquí tiene que ver la economía de las familias con una vida más o menos holgada, que va a poner su altar más adornado, con más alimentos y una familia de escasos recursos, pues va a poner lo mínimo, pero eso no significa que sea más o menos, aquí lo importante es ofrendar a su familia, a los que ya no están, eso es lo más importante porque no es un concurso”.
CONVIVIMOS VIVOS Y MUERTOS
Para Vázquez Olmos, “ese es el verdadero significado, sabemos que van a venir, entonces toda familia que sabe que no tiene a su familia aquí, pues los esperan con mucha ansia, con felicidad y con tristeza porque de repente esta festividad así es, es de alegría y de tristeza, pero finalmente es donde convivimos vivos y muertos, en esos momentos de fiesta porque podemos decir que prácticamente es como un mes de fiesta porque si decimos que la fiesta empieza a finales de Octubre y los días 1 y 2 de Noviembre, después viene la Octava del Día de Muertos y después el 30 de Noviembre, que es cuando se despiden ellos, cuando ya se van definitivamente, para regresar el próximo año”.
“Ese es el significado principal de la fiesta del Día de Muertos y la otra situación es que nosotros, como institución cultural, como promotores culturales, año con año tratamos de promover esta costumbre, no tan solo en la cabecera municipal, sino en toda nuestra área de influencia que es la zona norte del Estado de Veracruz, desde que la gente empiece a promover la elaboración de papel picado, de estrellas de palma, elaboración de chocolate, elaboración de ceras”.
De alguna manera dice “hemos iniciado esas actividades y afortunadamente, han retomado las escuelas, algunas instituciones y algunas asociaciones y eso nos da mucho gusto porque creemos que las cosas se están haciendo como deben de hacerse, para este año, estamos trabajando de manera con el ayuntamiento de Papantla y se esta haciendo un programa general para la fiesta de Día de Muertos, que para nosotros los totonacos, es Ninín”.
A ese respecto comenta que “Ninín, es Día de Muertos en totonaco, entonces son varias las instancias culturales, gubernamentales y educativas, que están siendo convocadas por el ayuntamiento y entre ellas, nosotros vamos a participar, nosotros como institución vamos a participar con un altar Tepehua, del municipio de Ixhuatlán de Madero, también vendrá un conferencista a hablarnos sobre el significado del Día de Muertos”.
También “traeremos la Danza de los Huehes, porque también en esas fiestas de Día de Muertos, hay danzas que se presentan, que son diferentes a las otras que se presentan en sus fiestas patronales, esta danza le baila a los difuntos, a los muertos, ellos representan la vida y la muerte, sacan un personaje interesante que se llama el Matarachín, el cual es envuelto en cobijas con máscaras en pies y cabeza y tal parece que es un personaje que tiene dos cabezas, entonces esta representada la vida y la muerte, esta representada la dualidad, lo bueno, lo malo, lo negro, lo blanco, de hecho el mundo, la vida es así, siempre ha existido el mal, lo bueno, siempre ha existido, entonces esa es la representación de la vida y la muerte y vamos a traer esa danza”.
ORIGEN DE LA CELEBRACION DEL DIA DE MUERTOS
Cabe señalar que la filosofía de los pueblos mesoamericanos de la antigüedad, trasciende hasta nuestros días en simbolismo y rituales que nos enseñan el culto a la vida espiritual, la negación de la muerte como momento biológico, el ir más allá de la presencia y acción física hasta encontrar la esencia de la vida en la muerte misma, como eterna lucha de superresistencia.
En la iglesia Católica, se celebra el 1 de noviembre y tiene por finalidad honrar a todos los moradores del cielo, a los santos canonizados y a los que no lo han sido todavía, fue creada por el papa Gregorio IV en el siglo IX y desde entonces se celebra en Europa, se señala que en su etapa primitiva, esta fiesta nació en las catacumbas de Roma, al honrar en una ceremonia general a los mártires cristianos que fueron sacrificados en tiempos del emperador Diocleciano.
Mientras que en España el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, se ofician misas en los templos; el día 2 se visita el cementerio para rendir homenaje a los muertos y las tumbas son arregladas por los deudos, quienes les llevan flores y coronas, además de que les prenden lamparillas de aceite o velas.
En las casas particulares no construyen altares ni ponen ofrendas como se acostumbra en México, aunque hay quienes piensan que antiguamente en las provincias Vascongadas, el norte de Castilla la Vieja y Aragón, los habitantes solían llevar a la misa ofrendas de trigo, pan y vino para su bendición, y se ponían en las fosas, costumbre que ha desaparecido.
FUSIÓN DE DOS CULTURAS
En el siglo XVI tuvo efecto un encuentro de culturas, la española y la indígena, en el cual los vencedores trataron de imponer su idioma, sus costumbres y religión, la católica y en cambio los vencidos lucharon por preservar sus propios valores culturales, con la introducción de una nueva concepción religiosa, tres fueron las órdenes que se establecieron durante la primera mitad de este siglo en nuestro territorio: los Fransiscanos en el año 1524, los Dominicos en 1526 y los Agustinos –quienes desembarcaron en el puerto de Veracruz- en 1533.
Ellos trajeron el miedo a la muerte, que es a la vez el temor al juicio final y por lo tanto al infierno, también introdujeron al esqueleto acompañado de una guadaña, todo lo cual significa el preludio de nuevas catástrofes o desgracias, los españoles hallaron ideas parecidas a las del cristianismo entre los mexicas, como la creencia de la inmortalidad del alma –pues al desprenderse del cuerpo ésta podía ir a morar, según hubiera sido la muerte, al Tlaloacan o paraíso de Tláloc, o al lugar donde residía Mictlantecuhtli, señor de los muertos-, así como el culto a los muertos, que presenta hondas raíces prehispánicas.
En el choque de culturas ocurrido en el siglo de la conquista, la española logró imponerse en muchos aspectos a la nativa pero ésta ha resistido a través de generaciones, al conservar sus costumbres y tradiciones, y hoy en día trata de sobrevivir dentro de los moldes de la sociedad moderna.
LA TRADICIÓN INDÍGENA
La ofrenda indígena se remonta al periodo preclásico tardío, unos mil 800 años antes de Cristo, pues sepultaban a sus muertos con ofrendas específicas, más tarde, más o menos mil 500 años antes de cristo, los pueblos del periodo preclásico sepultaban los cadáveres acompañados con ricas alimentos y utensilios personales.
El culto a los muertos en los pueblos prehispánico es la concepción de una nueva vida en el más allá, en la región de los Dioses, de la vida y del alimento: Ometecuhtli y Omecíhuatl y de ahí la idea de acompañar a los difuntos con lo necesario para esa nueva vida, presidida por Mictlantechuhtli y Mictecacíhuatl, dioses que vivían en el Mictlán: lugar de los muertos.
La celebración de Todos Santos es una costumbre observada por los habitantes de la región del Totonacapan y que se han transmitido de generación a generación, es consecuencia de la creencia de que, según la edad, les era permitido a los muertos “salir” de sus tumbas en una manifestación de fuerza llamada ánima, algo abstracto, es decir, el espíritu de ellos, que venía a estar entre los suyos.
Tal situación acontecía del 1 al 3 de noviembre de cada año y sucedía de la siguiente manera, el día primero o “Día de los chiquitos” o niños, el día dos o “Día de los grandes” o adultos y el día tres, “Día del retorno” y de la entrega de ofrendas o comestibles a las amistades, de acuerdo con la costumbre cristiana, actualmente la fiesta se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre, por lo mismo, desde varios días antes las familias se abastecen de lo necesario para preparar lo que van a ofrendar.
Los indígenas confeccionan hasta la fecha, las ollas de barro en donde hacían los tamales, bollitos de miel y las conservas, teniendo cuidado de que al ir a traer el barro para hacerlos se colocaran sobre él, en forma de cruz, siete espinas de naranjo o palitos, para evitar que al encontrarse ocasionalmente una mujer embarazada en su elaboración ocasionara que la olla se “agrietara” o “tronara”.
TRADICIÓN DEL ALTAR
Como se ha mencionado en párrafos anteriores, la celebración de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos es una costumbre que data de la época de la conquista española y aun cuando se pensaba que se perdería, paradójicamente se vio enriquecida por la religión católica, que sumó el día de los Fieles Difuntos con el de Todos los Santos, convirtiéndose en una sola celebración.
Desde mediados de octubre que en las floristerías empiezan a vender las tradicionales flores de muerto, moco de pavo, mano de león y alhelí; en muchas panaderías dejan de hacer el pan común y sólo comercializan pan de muerto, comienza también la compra de las mandarinas, guayabas, tejocotes, naranjas, jícamas y camotes, que son los de mayor demanda en las verdulerías y fruterías; las velas y cirios de cera, se pueden comprar en cualquier tienda, así como candelabros de barro o tronco de palma.
No puede faltar el tradicional arte del papel picado “papel de China”, en múltiples diseños y colores, desde calaveras hasta figuras de la Virgen de Guadalupe y las canastas frutales, en esta región se elaboran desde hace algunos días figuras tejidas con palmilla.
PACHAU: LA OFRENDA TOTONCA
Habitantes de esta parte del norte del estado de Veracruz, los totonacas, que también se desplazan por la Sierra Madre Occidental, abarcando los estados de Puebla e Hidalgo, donde conviven con tepehuas, otomíes nahuas o mexicas, huastecos o mestizos, han iniciado ya esta preparación, la más importante del año, el altar donde se coloca la ofrenda “pachau”, con alimentos, bebidas, licores y otros objetos de uso tradicional para las ánimas.
Esta ofrenda tiene una tradición muy antigua y se tiene por norma que las personas deben realizarla cada año y aquéllas que no lo hagan recibirán un castigo por su falta y por apartarse de las normas sociales y culturales aceptadas por la comunidad.
LOS TRES MOMENTOS DEL DIA DE MUERTOS
En el Día de San Lucas, el 18 de octubre, prácticamente da comienzo la celebración de los muertos; San Lucas, que es patrón de los difuntos que murieron en forma violenta, los asesinados, los ahogados, o los que murieron por alguna enfermedad extraña, pues son guiados por el mal o por la deidad del agua o de los ríos (Áktsin) y se les identifica como los “malos aires”, que traen enfermedades.
En cambio el destino es diferente para los que murieron en forma natural, pues el altar se instala en el interior de la casa, junto al de los santos católicos y se venera a San Lucas, el altar y la ofrenda son más sencillos; consisten en poner tamales, mole de guajolote, pan, chocolate y tortillas; se prenden veladoras, se quema el incienso y se hacen rosarios o rezos.
LAS ÁNIMAS
En estos días, se ofrendan los alimentos a las ánimas y se dice que también vuelven las ánimas solas: aquellos difuntos que no tuvieron familia o pariente alguno en la vida; se les pone su ofrenda en un pequeño altar que va colocado en el exterior de la casa, o en el patio o el camino, se dice que estas ánimas solas no pueden entrar a la casa grande y su pequeña ofrenda consiste en una taza de chocolate, pan y tamales con una veladora encendida.
LA OCTAVA O EL OCHAVARIO, FIN DE LA FESTIVIDAD
Las ánimas aún no se han retirado por completo, por eso se les vuelve a colocar su ofrenda a los ocho días, que es la octava “aktumajat” y de nuevo se adornan los altares que se han reservado para ese día, se tiene la creencia que en ese día se van definitivamente al mundo de los muertos y ello se vuelve ocasión para visitar el cementerio, a fin de llevar ofrenda, último momento para “encaminarlos”, pues ya no volverán hasta el año siguiente.
EL ALTAR
Para poner la Ofrenda o el Altar, se ocupa una mesa forrada con un mantel blanco sobre el cual se coloca el papel de China “picado”, para formar figuras diferentes, en la parte delantera se instala un arco de madera flexible forrado con tepejilote y sobre éste se colocan coronas o estrellas de palma; se cuelgan naranjas, limas, mandarinas y jícamas, entre otras frutas que “les gustaban en vida a los difuntos”.
Sobre la mesa se distribuyen fotos de los difuntos, ya sea de la casa o de familiares muy cercanos; de igual manera, comidas y cosas de las que gustaban, según su edad, ei eran niños se colocan tamales de dulce, pan de huevo en formas pequeñas y las canastas con dulces de la región, como dulce de camote, de calabaza, jamoncillos y las calaveritas de azúcar, si eran adultos, sus pertenencias más usuales: sombreros, puros o cigarros, barajas y una botella o copa de aguardiente.
Como se tiene la creencia de la presencia “etérea” de los muertos, estos sólo pueden apropiarse de la esencia u olores de las comidas que ahí se ofrecen, tales como los tamales, chocolate, mole, tortillas y café, de ahí que a su llegada, al medio día del 2 de noviembre, que es la cita para ellos, los alimentos deben estar calientes, con el fin de que despidan sus vapores aromáticos.
Para que los difuntos se sientan en su ambiente es que se adorna el altar con estrellas de palma que simbolizan el cielo, así como se colocan utensilios comunes, guajes y penachos, otro elemento que no puede faltar es el incienso o copal.
ALTARES Y OFRENDAS DE MUERTOS Ofrendar, en el Día de Muertos, es compartir con los difuntos el pan, la sal, las frutas, los manjares culinarios, el agua y, sI son adultos, el vino. Ofrendar es estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su recuerdo, con su vida. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria, es una mezcla cultural donde los europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; los indígenas le agregaron el sahumerio con su copal y la comida y la flor de cempasúchil (Zempoalxóchitl).
LOS ELEMENTOS
Cada uno de los siguiente elementos encierra su propia historia, tradición, poesía y, más que nada, misticismo, el agua, la fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso, en algunas culturas simboliza la pureza del alma, la sal, el elemento de purificación, sirve para que el cuerpo no se corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año. Las velas y las veladoras, los antiguos mexicanos utilizaban rajas de ocote, en la actualidad se usa el cirio en sus diferentes formas, velas, veladoras o ceras, la flama que producen significa “la luz”, la fe, la esperanza, es guía, con su flama titilante para que las ánimas puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada.
En varias comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia, si los cirios o los candeleros son morados, es señal de duelo; y si se ponen cuatro de éstos en cruz, representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa. El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles, es el elemento que sublima la oración o alabanza, fragancia de reverencia, se utiliza para limpiar al lugar de los malos espíritus y así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro. Las flores, son símbolo de la festividad por sus colores y estelas aromáticas, adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima, la cual al marcharse se irá contenta, el alhelí y la nube no pueden faltar pues su color significa pureza y ternura y acompañan a las ánimas de los niños, en muchos lugares del país se acostumbra poner caminos de pétalos que sirven para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa, la flor amarilla del cempasuchil (Zempoalxóchitl) deshojada, es el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas. El petate, entre los múltiples usos del petate se encuentra el de cama, mesa o mortaja, en este particular día funciona para que las ánimas descansen así como de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda, lo que no debe faltar en los altares para niños es el perrito izcuintle en juguete, para que las ánimas de los pequeños se sientan contentas al llegar al banquete, el perrito izcuintle, es el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán. Además, el ofrecimiento fraternal es el pan, la iglesia lo presenta como el “Cuerpo de Cristo”, el cual es elaborado de diferentes formas, el pan es uno de los elementos más preciados en el altar, mientras que el retrato del recordado sugiere el ánima que nos visitará, pero este debe quedar escondido, de manera que solo pueda verse con un espejo, para dar a entender que al ser querido se le puede ver pero ya no existe. Se puede incluir el chocolate de agua, la tradición prehispánica dice que los invitados tomaban chocolate preparado con el agua que usaba el difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de la esencia del difunto, también se puede colocar un aguamanil, jabón y toalla por si el ánima necesita lavarse las manos después del largo viaje y el licor es para que recuerde los grandes acontecimientos agradables durante su vida y se decida a visitarnos, en tanto que una cruz grande de ceniza, sirve para que al llegar el ánima hasta el altar pueda expiar sus culpas pendientes.
LOS TAMALES
Este platillo en la época prehispánica y en la actual es fundamental en el altar de muertos, estos son elaborados con maíz cocido, “nixtamal”, molido o triturado hasta formar una masa y mezclado con caldo de pollo y carne, hasta espesar, los tamales se ponen en pequeñas porciones, envueltos en hojas de maíz, en Papatla u hojas de plátano, colocándole en un recipiente para cocerlos; los hay de muy variados modos: de dulce, chile y sus derivados, mole, pipián o frijol, dependiendo de la economía de cada hogar.
EL DÍA GRANDE
Siguiendo Con la tradición de los días de muertos, el día 2 de Noviembre, es llamado como “el día más grande”, pues es la fecha en que se visita el panteón para arreglarlo, limpiarlo de maleza y dejar las ofrendas florales, como las coronas, tradicionalmente éstas eran elaboradas a mano; se hacían las flores con papel y se cubrían con cera caliente, para que permanecieran intactas por más tiempo, los visitantes rezan para los muertos y muy poca gente aún les lleva comida a su última morada; en algunos casos les llevan música con “tríos” o con “mariachis”.
Ese día, los panteones se llenan de colorido, olores y matices contrastantes, pues de igual manera mueren pobres y ricos y se puede observar desde la más humilde de las tumbas con tan sólo un arreglo floral y los nichos rodeados de cempasúchil y coronas.
De regreso, en casa las familias comen de las viandas que están en los altares, platican de los parientes fallecidos, sus virtudes y errores, y de lo que estarían haciendo si sus seres queridos estuvieran con vida, al término de esto, más comida, dulces y demás se reparten entre los familiares y amigos que asistieron al panteón para acompañarlos.
La muerte desde la aparición del hombre sobre la tierra ha generado un culto muy particular, las culturas prehispánicas concibieron la muerte como una dualidad con la vida, las Aztecas tenían dos fechas especiales para recordar a sus muertos, en el mes de agosto dedicado a MICCAILHUITONITLI o “muertecitos” y en noviembre la fiesta de los muertos grandes, “el señor de los muertos”, el origen de las ofrendas esta en el culto que las razas autóctonas rendían a sus muertos, que en el templo ofrecían mazorcas, flores y encendían copal para aromatizar el ambiente y así agradar a los Dioses con quienes residía el espíritu de los difuntos.
Dentro del calendario prehispánico de los grupos Nahuas del altiplano central, había por lo menos seis fiestas dedicadas a los muertos, entre ellas dos eran las principales del 12 al 31 de julio, en que se recordaba a los muertos chicos y los veinte días siguientes se celebraba la fiesta de los muertos grandes, que se caracterizaba la magnificencia de las ofrendas.
En nuestro país desde tiempo de la cultura preclásica, (2,000 años A.C.), igual que los teotihuacanos, toltecas, aztecas, huaxtecos, totonacas, otomies, puréchas, mixtecos, zapotecos, mayas, etc., practicaron el culto a la muerte y sus ritos eran similares, concibieron la muerte bajo una dualidad con la vida y esto lo podemos apreciar en diversas esculturas que existen en la actualidad, como cráneos con la mitad descarnada encontrados en la ciudad de México y en Oaxaca.
La existencia en el mas allá decían, era de acuerdo con la forma de su fallecimiento, no ala conducta observada en vida, por lo tanto no se temía a castigos posteriores a la muerte, después del deceso, generalmente los ancianos vestían al muerto con papeles de amate o maguey, le derramaban agua en la cabeza diciéndole, esto es lo que gozaste en la vida.
PAPANTLA, Ver., 27 de Octubre.-De acuerdo con la jefa de la Unidad de Culturas Populares, en esta ciudad, Áurea Vázquez Olmos, “la Festividad del Día de Muertos en la parte costa de la región de Papantla, en este caso la festividad de Día de Muertos, según la tradición, la costumbre, empiezan a llegar los difuntos, desde el 24 de Agosto, es la primera ocasión que les abren las puertas para que ellos puedan venir a este mundo.
Refiere que “hay otra fecha que también se maneja que es el 4 de Octubre y finalmente es el 18 de Octubre, cuando ya están ya todos aquí, es ya para los preparativos de las festividades y los meros días, son el 31 de Octubre, el día 1º, es cuando llegan los difuntos chiquitos, y el día 2 es cuando llegan los difuntos grandes, más que una descripción, la festividad del Día de Muertos, es una de las festividades más importantes de la cultura totonaca y esto porque tiene que ver con la producción del campo, tiene que ver con la vida cotidiana de la gente”.
EL MORIR ES PASAR A OTRA ETAPA
Dijo que “sobre todo la cuestión de la visión que tenemos nosotros los totonacos de que al morir, no se acaba todo, o sea el morir es únicamente pasar a otra etapa, en donde se va a vivir mucho mejor que en esta vida, es decir, la vida no se acaba, la vida es una aquí y luego la vida sigue en otro mundo, no sabemos exactamente en donde esta el lugar, pero sabemos por los abuelos que es un lugar muy hermoso, es un paraíso donde pues todos queremos llegar”.
Añadiendo que “los abuelos cuentan que es un lugar donde hay armonía, donde no hay rencores, donde no hay envidias, ni egoísmos y bueno pues, cuando nos dicen los abuelos que es así, ese mundo a donde vamos a ir, pues todos nos ponemos contentos y queremos ir, otro aspecto de la celebración del Día de Muertos, de acuerdo a la experiencia, es que la festividad del Día de Muertos, se espera con mucha anticipación, con muchos meses de anticipación”.
Por lo que “los totonacos se preparan desde meses antes, engordando sus cochinitos, preparando sus hornos donde van a hacer el pan, todo eso lo van haciendo con mucho tiempo de anticipación, porque todo esto se lleva un tiempo, una vez que ya tienen todo listo, los preparativos, de la elaboración del pan, la molienda del chocolate, la elaboración de los tamales, todo se hace en familia, con primos, parientes y eso quiere decir que esta fiesta de Día de Muertos, en vez de dividir a las familias, las une y si viven en una comunidad, mucho más”.
Dejando en claro qu en esta festividad, “desaparecen los colores y las religiones, todo se empieza a trabajar con un solo fin, preparar la fiesta del Día de Muertos, entonces los totonacos pensamos que esta fiesta vive, porque la costumbre es muy fuerte, esta muy arraigada, a tal grado que en las zonas urbanas, la cultura mestiza la ha retomado claro, con sus características propia, pero la retoman”.
Vemos que “esta festividad esta corriendo un riesgo, estamos hablando de culturas ajenas a la nuestra, como el halloween, esta cuestión del halloween, bueno de repente es una costumbre ajena, es una costumbre occidental, de repente a veces nuestros maestros, nuestros jóvenes no tienen bien arraigada su cultura, no la conocen y son fácilmente presa de hacer cambios, de empezar a practicar otra costumbre que no es la nuestra, inclusive a veces repetimos esa palabra y no sabemos ni lo que significa y tampoco investigamos y pues no tiene nada que ver con la cultura nuestra”.
PORQUE SE PONEN LOS ALTARES
La responsable de la Unidad Regional Norte de Veracruz, añade que “el trabajo nuestro como promotores culturales, es seguir promoviendo esta costumbre tan bonita, con las futuras generaciones, para que los jóvenes la sigan practicando y sobre todo que sepan el significado, el porque y para que se ponen los altares, no es una exposición, no es una muestra, sino que se espera a aquellos que se fueron y que no los podemos ver, pero aquí están, a ellos se les ofrenda aquella comida que les gustaba”.
Y aquí “van a haber altares muy bonitos y otros no tanto, porque aquí tiene que ver la economía de las familias con una vida más o menos holgada, que va a poner su altar más adornado, con más alimentos y una familia de escasos recursos, pues va a poner lo mínimo, pero eso no significa que sea más o menos, aquí lo importante es ofrendar a su familia, a los que ya no están, eso es lo más importante porque no es un concurso”.
CONVIVIMOS VIVOS Y MUERTOS
Para Vázquez Olmos, “ese es el verdadero significado, sabemos que van a venir, entonces toda familia que sabe que no tiene a su familia aquí, pues los esperan con mucha ansia, con felicidad y con tristeza porque de repente esta festividad así es, es de alegría y de tristeza, pero finalmente es donde convivimos vivos y muertos, en esos momentos de fiesta porque podemos decir que prácticamente es como un mes de fiesta porque si decimos que la fiesta empieza a finales de Octubre y los días 1 y 2 de Noviembre, después viene la Octava del Día de Muertos y después el 30 de Noviembre, que es cuando se despiden ellos, cuando ya se van definitivamente, para regresar el próximo año”.
“Ese es el significado principal de la fiesta del Día de Muertos y la otra situación es que nosotros, como institución cultural, como promotores culturales, año con año tratamos de promover esta costumbre, no tan solo en la cabecera municipal, sino en toda nuestra área de influencia que es la zona norte del Estado de Veracruz, desde que la gente empiece a promover la elaboración de papel picado, de estrellas de palma, elaboración de chocolate, elaboración de ceras”.
De alguna manera dice “hemos iniciado esas actividades y afortunadamente, han retomado las escuelas, algunas instituciones y algunas asociaciones y eso nos da mucho gusto porque creemos que las cosas se están haciendo como deben de hacerse, para este año, estamos trabajando de manera con el ayuntamiento de Papantla y se esta haciendo un programa general para la fiesta de Día de Muertos, que para nosotros los totonacos, es Ninín”.
A ese respecto comenta que “Ninín, es Día de Muertos en totonaco, entonces son varias las instancias culturales, gubernamentales y educativas, que están siendo convocadas por el ayuntamiento y entre ellas, nosotros vamos a participar, nosotros como institución vamos a participar con un altar Tepehua, del municipio de Ixhuatlán de Madero, también vendrá un conferencista a hablarnos sobre el significado del Día de Muertos”.
También “traeremos la Danza de los Huehes, porque también en esas fiestas de Día de Muertos, hay danzas que se presentan, que son diferentes a las otras que se presentan en sus fiestas patronales, esta danza le baila a los difuntos, a los muertos, ellos representan la vida y la muerte, sacan un personaje interesante que se llama el Matarachín, el cual es envuelto en cobijas con máscaras en pies y cabeza y tal parece que es un personaje que tiene dos cabezas, entonces esta representada la vida y la muerte, esta representada la dualidad, lo bueno, lo malo, lo negro, lo blanco, de hecho el mundo, la vida es así, siempre ha existido el mal, lo bueno, siempre ha existido, entonces esa es la representación de la vida y la muerte y vamos a traer esa danza”.
ORIGEN DE LA CELEBRACION DEL DIA DE MUERTOS
Cabe señalar que la filosofía de los pueblos mesoamericanos de la antigüedad, trasciende hasta nuestros días en simbolismo y rituales que nos enseñan el culto a la vida espiritual, la negación de la muerte como momento biológico, el ir más allá de la presencia y acción física hasta encontrar la esencia de la vida en la muerte misma, como eterna lucha de superresistencia.
En la iglesia Católica, se celebra el 1 de noviembre y tiene por finalidad honrar a todos los moradores del cielo, a los santos canonizados y a los que no lo han sido todavía, fue creada por el papa Gregorio IV en el siglo IX y desde entonces se celebra en Europa, se señala que en su etapa primitiva, esta fiesta nació en las catacumbas de Roma, al honrar en una ceremonia general a los mártires cristianos que fueron sacrificados en tiempos del emperador Diocleciano.
Mientras que en España el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, se ofician misas en los templos; el día 2 se visita el cementerio para rendir homenaje a los muertos y las tumbas son arregladas por los deudos, quienes les llevan flores y coronas, además de que les prenden lamparillas de aceite o velas.
En las casas particulares no construyen altares ni ponen ofrendas como se acostumbra en México, aunque hay quienes piensan que antiguamente en las provincias Vascongadas, el norte de Castilla la Vieja y Aragón, los habitantes solían llevar a la misa ofrendas de trigo, pan y vino para su bendición, y se ponían en las fosas, costumbre que ha desaparecido.
FUSIÓN DE DOS CULTURAS
En el siglo XVI tuvo efecto un encuentro de culturas, la española y la indígena, en el cual los vencedores trataron de imponer su idioma, sus costumbres y religión, la católica y en cambio los vencidos lucharon por preservar sus propios valores culturales, con la introducción de una nueva concepción religiosa, tres fueron las órdenes que se establecieron durante la primera mitad de este siglo en nuestro territorio: los Fransiscanos en el año 1524, los Dominicos en 1526 y los Agustinos –quienes desembarcaron en el puerto de Veracruz- en 1533.
Ellos trajeron el miedo a la muerte, que es a la vez el temor al juicio final y por lo tanto al infierno, también introdujeron al esqueleto acompañado de una guadaña, todo lo cual significa el preludio de nuevas catástrofes o desgracias, los españoles hallaron ideas parecidas a las del cristianismo entre los mexicas, como la creencia de la inmortalidad del alma –pues al desprenderse del cuerpo ésta podía ir a morar, según hubiera sido la muerte, al Tlaloacan o paraíso de Tláloc, o al lugar donde residía Mictlantecuhtli, señor de los muertos-, así como el culto a los muertos, que presenta hondas raíces prehispánicas.
En el choque de culturas ocurrido en el siglo de la conquista, la española logró imponerse en muchos aspectos a la nativa pero ésta ha resistido a través de generaciones, al conservar sus costumbres y tradiciones, y hoy en día trata de sobrevivir dentro de los moldes de la sociedad moderna.
LA TRADICIÓN INDÍGENA
La ofrenda indígena se remonta al periodo preclásico tardío, unos mil 800 años antes de Cristo, pues sepultaban a sus muertos con ofrendas específicas, más tarde, más o menos mil 500 años antes de cristo, los pueblos del periodo preclásico sepultaban los cadáveres acompañados con ricas alimentos y utensilios personales.
El culto a los muertos en los pueblos prehispánico es la concepción de una nueva vida en el más allá, en la región de los Dioses, de la vida y del alimento: Ometecuhtli y Omecíhuatl y de ahí la idea de acompañar a los difuntos con lo necesario para esa nueva vida, presidida por Mictlantechuhtli y Mictecacíhuatl, dioses que vivían en el Mictlán: lugar de los muertos.
La celebración de Todos Santos es una costumbre observada por los habitantes de la región del Totonacapan y que se han transmitido de generación a generación, es consecuencia de la creencia de que, según la edad, les era permitido a los muertos “salir” de sus tumbas en una manifestación de fuerza llamada ánima, algo abstracto, es decir, el espíritu de ellos, que venía a estar entre los suyos.
Tal situación acontecía del 1 al 3 de noviembre de cada año y sucedía de la siguiente manera, el día primero o “Día de los chiquitos” o niños, el día dos o “Día de los grandes” o adultos y el día tres, “Día del retorno” y de la entrega de ofrendas o comestibles a las amistades, de acuerdo con la costumbre cristiana, actualmente la fiesta se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre, por lo mismo, desde varios días antes las familias se abastecen de lo necesario para preparar lo que van a ofrendar.
Los indígenas confeccionan hasta la fecha, las ollas de barro en donde hacían los tamales, bollitos de miel y las conservas, teniendo cuidado de que al ir a traer el barro para hacerlos se colocaran sobre él, en forma de cruz, siete espinas de naranjo o palitos, para evitar que al encontrarse ocasionalmente una mujer embarazada en su elaboración ocasionara que la olla se “agrietara” o “tronara”.
TRADICIÓN DEL ALTAR
Como se ha mencionado en párrafos anteriores, la celebración de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos es una costumbre que data de la época de la conquista española y aun cuando se pensaba que se perdería, paradójicamente se vio enriquecida por la religión católica, que sumó el día de los Fieles Difuntos con el de Todos los Santos, convirtiéndose en una sola celebración.
Desde mediados de octubre que en las floristerías empiezan a vender las tradicionales flores de muerto, moco de pavo, mano de león y alhelí; en muchas panaderías dejan de hacer el pan común y sólo comercializan pan de muerto, comienza también la compra de las mandarinas, guayabas, tejocotes, naranjas, jícamas y camotes, que son los de mayor demanda en las verdulerías y fruterías; las velas y cirios de cera, se pueden comprar en cualquier tienda, así como candelabros de barro o tronco de palma.
No puede faltar el tradicional arte del papel picado “papel de China”, en múltiples diseños y colores, desde calaveras hasta figuras de la Virgen de Guadalupe y las canastas frutales, en esta región se elaboran desde hace algunos días figuras tejidas con palmilla.
PACHAU: LA OFRENDA TOTONCA
Habitantes de esta parte del norte del estado de Veracruz, los totonacas, que también se desplazan por la Sierra Madre Occidental, abarcando los estados de Puebla e Hidalgo, donde conviven con tepehuas, otomíes nahuas o mexicas, huastecos o mestizos, han iniciado ya esta preparación, la más importante del año, el altar donde se coloca la ofrenda “pachau”, con alimentos, bebidas, licores y otros objetos de uso tradicional para las ánimas.
Esta ofrenda tiene una tradición muy antigua y se tiene por norma que las personas deben realizarla cada año y aquéllas que no lo hagan recibirán un castigo por su falta y por apartarse de las normas sociales y culturales aceptadas por la comunidad.
LOS TRES MOMENTOS DEL DIA DE MUERTOS
En el Día de San Lucas, el 18 de octubre, prácticamente da comienzo la celebración de los muertos; San Lucas, que es patrón de los difuntos que murieron en forma violenta, los asesinados, los ahogados, o los que murieron por alguna enfermedad extraña, pues son guiados por el mal o por la deidad del agua o de los ríos (Áktsin) y se les identifica como los “malos aires”, que traen enfermedades.
En cambio el destino es diferente para los que murieron en forma natural, pues el altar se instala en el interior de la casa, junto al de los santos católicos y se venera a San Lucas, el altar y la ofrenda son más sencillos; consisten en poner tamales, mole de guajolote, pan, chocolate y tortillas; se prenden veladoras, se quema el incienso y se hacen rosarios o rezos.
LAS ÁNIMAS
En estos días, se ofrendan los alimentos a las ánimas y se dice que también vuelven las ánimas solas: aquellos difuntos que no tuvieron familia o pariente alguno en la vida; se les pone su ofrenda en un pequeño altar que va colocado en el exterior de la casa, o en el patio o el camino, se dice que estas ánimas solas no pueden entrar a la casa grande y su pequeña ofrenda consiste en una taza de chocolate, pan y tamales con una veladora encendida.
LA OCTAVA O EL OCHAVARIO, FIN DE LA FESTIVIDAD
Las ánimas aún no se han retirado por completo, por eso se les vuelve a colocar su ofrenda a los ocho días, que es la octava “aktumajat” y de nuevo se adornan los altares que se han reservado para ese día, se tiene la creencia que en ese día se van definitivamente al mundo de los muertos y ello se vuelve ocasión para visitar el cementerio, a fin de llevar ofrenda, último momento para “encaminarlos”, pues ya no volverán hasta el año siguiente.
EL ALTAR
Para poner la Ofrenda o el Altar, se ocupa una mesa forrada con un mantel blanco sobre el cual se coloca el papel de China “picado”, para formar figuras diferentes, en la parte delantera se instala un arco de madera flexible forrado con tepejilote y sobre éste se colocan coronas o estrellas de palma; se cuelgan naranjas, limas, mandarinas y jícamas, entre otras frutas que “les gustaban en vida a los difuntos”.
Sobre la mesa se distribuyen fotos de los difuntos, ya sea de la casa o de familiares muy cercanos; de igual manera, comidas y cosas de las que gustaban, según su edad, ei eran niños se colocan tamales de dulce, pan de huevo en formas pequeñas y las canastas con dulces de la región, como dulce de camote, de calabaza, jamoncillos y las calaveritas de azúcar, si eran adultos, sus pertenencias más usuales: sombreros, puros o cigarros, barajas y una botella o copa de aguardiente.
Como se tiene la creencia de la presencia “etérea” de los muertos, estos sólo pueden apropiarse de la esencia u olores de las comidas que ahí se ofrecen, tales como los tamales, chocolate, mole, tortillas y café, de ahí que a su llegada, al medio día del 2 de noviembre, que es la cita para ellos, los alimentos deben estar calientes, con el fin de que despidan sus vapores aromáticos.
Para que los difuntos se sientan en su ambiente es que se adorna el altar con estrellas de palma que simbolizan el cielo, así como se colocan utensilios comunes, guajes y penachos, otro elemento que no puede faltar es el incienso o copal.
ALTARES Y OFRENDAS DE MUERTOS Ofrendar, en el Día de Muertos, es compartir con los difuntos el pan, la sal, las frutas, los manjares culinarios, el agua y, sI son adultos, el vino. Ofrendar es estar cerca de nuestros muertos para dialogar con su recuerdo, con su vida. La ofrenda es el reencuentro con un ritual que convoca a la memoria, es una mezcla cultural donde los europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; los indígenas le agregaron el sahumerio con su copal y la comida y la flor de cempasúchil (Zempoalxóchitl).
LOS ELEMENTOS
Cada uno de los siguiente elementos encierra su propia historia, tradición, poesía y, más que nada, misticismo, el agua, la fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso, en algunas culturas simboliza la pureza del alma, la sal, el elemento de purificación, sirve para que el cuerpo no se corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año. Las velas y las veladoras, los antiguos mexicanos utilizaban rajas de ocote, en la actualidad se usa el cirio en sus diferentes formas, velas, veladoras o ceras, la flama que producen significa “la luz”, la fe, la esperanza, es guía, con su flama titilante para que las ánimas puedan llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada.
En varias comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia, si los cirios o los candeleros son morados, es señal de duelo; y si se ponen cuatro de éstos en cruz, representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa. El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles, es el elemento que sublima la oración o alabanza, fragancia de reverencia, se utiliza para limpiar al lugar de los malos espíritus y así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro. Las flores, son símbolo de la festividad por sus colores y estelas aromáticas, adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima, la cual al marcharse se irá contenta, el alhelí y la nube no pueden faltar pues su color significa pureza y ternura y acompañan a las ánimas de los niños, en muchos lugares del país se acostumbra poner caminos de pétalos que sirven para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa, la flor amarilla del cempasuchil (Zempoalxóchitl) deshojada, es el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas. El petate, entre los múltiples usos del petate se encuentra el de cama, mesa o mortaja, en este particular día funciona para que las ánimas descansen así como de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda, lo que no debe faltar en los altares para niños es el perrito izcuintle en juguete, para que las ánimas de los pequeños se sientan contentas al llegar al banquete, el perrito izcuintle, es el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán. Además, el ofrecimiento fraternal es el pan, la iglesia lo presenta como el “Cuerpo de Cristo”, el cual es elaborado de diferentes formas, el pan es uno de los elementos más preciados en el altar, mientras que el retrato del recordado sugiere el ánima que nos visitará, pero este debe quedar escondido, de manera que solo pueda verse con un espejo, para dar a entender que al ser querido se le puede ver pero ya no existe. Se puede incluir el chocolate de agua, la tradición prehispánica dice que los invitados tomaban chocolate preparado con el agua que usaba el difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de la esencia del difunto, también se puede colocar un aguamanil, jabón y toalla por si el ánima necesita lavarse las manos después del largo viaje y el licor es para que recuerde los grandes acontecimientos agradables durante su vida y se decida a visitarnos, en tanto que una cruz grande de ceniza, sirve para que al llegar el ánima hasta el altar pueda expiar sus culpas pendientes.
LOS TAMALES
Este platillo en la época prehispánica y en la actual es fundamental en el altar de muertos, estos son elaborados con maíz cocido, “nixtamal”, molido o triturado hasta formar una masa y mezclado con caldo de pollo y carne, hasta espesar, los tamales se ponen en pequeñas porciones, envueltos en hojas de maíz, en Papatla u hojas de plátano, colocándole en un recipiente para cocerlos; los hay de muy variados modos: de dulce, chile y sus derivados, mole, pipián o frijol, dependiendo de la economía de cada hogar.
EL DÍA GRANDE
Siguiendo Con la tradición de los días de muertos, el día 2 de Noviembre, es llamado como “el día más grande”, pues es la fecha en que se visita el panteón para arreglarlo, limpiarlo de maleza y dejar las ofrendas florales, como las coronas, tradicionalmente éstas eran elaboradas a mano; se hacían las flores con papel y se cubrían con cera caliente, para que permanecieran intactas por más tiempo, los visitantes rezan para los muertos y muy poca gente aún les lleva comida a su última morada; en algunos casos les llevan música con “tríos” o con “mariachis”.
Ese día, los panteones se llenan de colorido, olores y matices contrastantes, pues de igual manera mueren pobres y ricos y se puede observar desde la más humilde de las tumbas con tan sólo un arreglo floral y los nichos rodeados de cempasúchil y coronas.
De regreso, en casa las familias comen de las viandas que están en los altares, platican de los parientes fallecidos, sus virtudes y errores, y de lo que estarían haciendo si sus seres queridos estuvieran con vida, al término de esto, más comida, dulces y demás se reparten entre los familiares y amigos que asistieron al panteón para acompañarlos.
La muerte desde la aparición del hombre sobre la tierra ha generado un culto muy particular, las culturas prehispánicas concibieron la muerte como una dualidad con la vida, las Aztecas tenían dos fechas especiales para recordar a sus muertos, en el mes de agosto dedicado a MICCAILHUITONITLI o “muertecitos” y en noviembre la fiesta de los muertos grandes, “el señor de los muertos”, el origen de las ofrendas esta en el culto que las razas autóctonas rendían a sus muertos, que en el templo ofrecían mazorcas, flores y encendían copal para aromatizar el ambiente y así agradar a los Dioses con quienes residía el espíritu de los difuntos.
Dentro del calendario prehispánico de los grupos Nahuas del altiplano central, había por lo menos seis fiestas dedicadas a los muertos, entre ellas dos eran las principales del 12 al 31 de julio, en que se recordaba a los muertos chicos y los veinte días siguientes se celebraba la fiesta de los muertos grandes, que se caracterizaba la magnificencia de las ofrendas.
En nuestro país desde tiempo de la cultura preclásica, (2,000 años A.C.), igual que los teotihuacanos, toltecas, aztecas, huaxtecos, totonacas, otomies, puréchas, mixtecos, zapotecos, mayas, etc., practicaron el culto a la muerte y sus ritos eran similares, concibieron la muerte bajo una dualidad con la vida y esto lo podemos apreciar en diversas esculturas que existen en la actualidad, como cráneos con la mitad descarnada encontrados en la ciudad de México y en Oaxaca.
La existencia en el mas allá decían, era de acuerdo con la forma de su fallecimiento, no ala conducta observada en vida, por lo tanto no se temía a castigos posteriores a la muerte, después del deceso, generalmente los ancianos vestían al muerto con papeles de amate o maguey, le derramaban agua en la cabeza diciéndole, esto es lo que gozaste en la vida.
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